Menopausia y deseo: cómo se transforma la energía Shakti en la segunda primavera

¿Desaparece el deseo en la menopausia? La segunda primavera taoísta, la energía Shakti y la ciencia contemporánea coinciden: no se apaga. Se transforma. Una lectura somática y consciente de esta etapa.

Lo que el Tao, el Tantra y la neurociencia contemporánea revelan sobre una etapa mal entendida

Una mujer de cincuenta y tantos se mira en el espejo una mañana y siente que algo se ha ido. No sabe nombrarlo. No es exactamente ganas, no es exactamente fuego. Es una forma de estar habitada que parece haberse apagado sin aviso. Lee en alguna parte que «el deseo desaparece con la menopausia». Lo firma una revista de divulgación con titular grande. Y durante unos días arrastra una tristeza difusa, como si hubiera perdido algo que nadie le enseñó a cuidar.

Este artículo parte de ahí. De la pregunta que muchas mujeres formulan en consulta, a veces con miedo y casi siempre en voz baja: ¿se acaba mi deseo en la menopausia?

La respuesta corta, que las tradiciones somáticas llevan siglos sosteniendo y que la investigación contemporánea empieza a confirmar, es esta: no se acaba. Se sublima. Pero para entender esa transformación hay que salir del marco hormonal y entrar en uno más amplio, donde el deseo no es una cifra en una analítica, sino un modo de estar en el cuerpo, de estar con otros y de estar con una misma.

Lo que dice la ciencia: el deseo no es sólo una hormona

La narrativa dominante en Occidente presenta la menopausia como una caída: de estrógenos, de energía, de deseo. Y aunque es cierto que los niveles hormonales cambian, los estudios longitudinales más serios muestran que el descenso del deseo en la transición menopáusica es multifactorial, y a menudo las hormonas no son la variable más determinante.

El Seattle Midlife Women’s Health Study (Woods, Mitchell y Smith-Di Julio, 2010), que siguió a centenares de mujeres durante más de una década, encontró que los factores asociados al descenso del deseo eran, por orden: los trastornos del sueño, el estado de ánimo depresivo, la fatiga, los sofocos y la calidad de la relación de pareja. Los niveles hormonales explicaban sólo una parte pequeña de la variabilidad observada.

El sistema que llamamos deseo es el reflejo del sistema nervioso entero, no una hormona aislada.

Cuando una mujer siente que «el deseo se ha ido», con frecuencia lo que se ha ido es el descanso. O la alegría. O la interlocución con su pareja. O la escucha de sí misma.

La segunda primavera: lo que el Tao dice y casi nadie explica

En la tradición taoísta y en la Medicina Tradicional China, la menopausia tiene un nombre que cambia el marco: 第二春, la segunda primavera. El Huangdi Neijing (Clásico Interno del Emperador Amarillo, c. siglo II a.C.) describe la vida femenina en ciclos de siete años. En el séptimo, alrededor de los cuarenta y nueve, cesa lo que la medicina china llama Tian Gui: el «agua celeste», la esencia reproductiva.

Pero cesar no es desaparecer. Según la MTC, la sangre y el qi que durante décadas nutrieron el útero y la gestación potencial se redirigen hacia el Corazón, donde reside el Shen: el espíritu, la consciencia. No es pérdida: es reorientación alquímica.

En la alquimia interna femenina —nüdan (女丹), la rama del taoísmo dedicada al cultivo espiritual de las mujeres— el objetivo supremo de la práctica es precisamente lo que en la menopausia ocurre de forma espontánea: la sublimación de la energía sexual y reproductiva en energía espiritual. La tríada femenina xue-qi-shen —sangre, energía, espíritu— describe el camino: la sangre se transmuta en qi, y el qi en shen.

No es un regalo automático: la alquimia sigue requiriendo cultivo consciente. Pero el punto de partida está ya dispuesto.

La figura histórica que encarna esta idea es Sun Bu-Er (孫不二, siglo XII), poeta y maestra taoísta, una de las Siete Maestras de la escuela Quanzhen. Se inició en la alquimia interna (neidan) precisamente al entrar en la menopausia —a los cincuenta y un años, después de criar a sus tres hijos—, y su obra Kunjue (坤訣, Instrucciones para la Alquimia Femenina) se convirtió en texto fundacional del nüdan.

Lo que el Tao y el Tantra cultivan durante décadas de práctica —el refinamiento del Eros desde lo animal-reproductivo hacia lo expansivo y elevado— la naturaleza lo acerca al umbral del cuerpo en esta etapa. La esencia que antes podía hacerse hija, ahora puede hacerse obra, voz, presencia.

El Tantra y la menopausia: el Eros que no necesita urgencia

El Tantra Clásico Shivaíta No-dual comparte con el Tao una visión del Eros que va mucho más allá de la genitalidad. En estas tradiciones, Shakti es la energía en sus infinitas posibilidades: la potencia dinámica de la Consciencia, su capacidad de manifestarse, moverse y expresarse en formas sin límite. No es un recurso que se agota. Una de sus expresiones es la energía sexual; en cuerpos que menstrúan, también es la energía de la menstruación, íntimamente ligada a la sexualidad. Y el cuerpo que menstrúa o que ha menstruado no es un recipiente que se vacía, sino un campo de consciencia que se expande.

Desde esta perspectiva, la menopausia no es la retirada de Shakti. Es su liberación de la función reproductiva. Y esa liberación, lejos de empobrecer el Eros, lo abre hacia dimensiones que antes estaban parcialmente bloqueadas por la carga hormonal y social del ciclo.

El Tantra enseña que el deseo más profundo no es el deseo de un cuerpo concreto ni de una experiencia específica. Es el anhelo de unión con la totalidad: con la vida, con el otro, con uno mismo, con lo que trasciende la forma. Y ese anhelo —el latido más íntimo de lo que somos— no tiene edad. No depende del estrógeno. Depende de la presencia.

Lo que el Tantra propone para la menopausia —y lo que Diana Richardson desarrolla en Tantric Sex and Menopause (2018)— es precisamente esto: cambiar el modo de encuentro íntimo. Pasar de una intimidad orientada a la descarga hacia una orientada a la presencia, la circulación de energía y el contacto profundo. Una intimidad más lenta, más consciente, más extendida por todo el cuerpo. Paradójicamente, muchas mujeres describen este modo de encuentro como más satisfactorio que cualquier cosa que hubieran vivido antes.

Lo que la menopausia ya no tolera

Aquí es donde el argumento se vuelve incómodo, y conviene decirlo con claridad: en la mayoría de los casos, lo que se apaga en la menopausia no es el deseo. Es la tolerancia del cuerpo a lo que ya no le sirve.

La ginecóloga Christiane Northrup, autora de The Wisdom of Menopause, lo formula con una nitidez que merece ser citada. Para ella, la menopausia no es simplemente «un conjunto de síntomas físicos a corregir»: es una revolución mente-cuerpo que pone la propia vida bajo un microscopio. Los cambios hormonales que afectan al cerebro, dice, «le dan a la mujer un ojo más afilado para la inequidad y la injusticia, y una voz que insiste en hablar de ellas. Sacan a la luz la sabiduría escondida —y el coraje para expresarla.»

Esto explica una experiencia muy común: relaciones que la mujer aguantó durante décadas se vuelven de repente insostenibles; trabajos que parecían tolerables se vuelven asfixiantes; encuentros íntimos que pasaban inadvertidos se revelan como pobres. La menopausia no crea esa insatisfacción. La desenmascara.

A esto se suma una presión cultural feroz: el jovencentrismo que nos quiere siempre veinteañeras, que entiende el Eros sólo en clave de juventud, cuerpos firmes y respuestas rápidas. Es una visión empobrecida, y curiosamente es justo la que el Tao y el Tantra llevan milenios criticando. Estas tradiciones nunca consideraron que el Eros joven fuera el más rico. Lo entendían como el más crudo: el que aún no ha aprendido a leer su propia energía. El Eros maduro —consciente, lento, presente, integrado con el corazón y con la respiración— es el que estas tradiciones consideran realmente pleno.

Así que si el cuerpo en la menopausia ya no tolera la mediocridad erótica, lo que está pidiendo no es menos Eros. Está pidiendo un Eros más culto, más alfabetizado, más propio. No demanda la vuelta a los veinte. Demanda la entrada en una edad que nuestra cultura todavía no ha aprendido a nombrar.

Sobre la terapia hormonal sustitutiva (THS): una posición clara

Conviene nombrar el elefante en la habitación, porque muchas mujeres llegan con esta pregunta: «¿no sería más fácil tomar hormonas?»

Mi posición es clara y tiene base tanto clínica como conceptual: desaconsejo cualquier manipulación química del sistema hormonal salvo en casos verdaderamente incapacitantes, y nunca sin ir a la raíz del desequilibrio.

El motivo es estructural. El sistema hormonal no es un depósito independiente que se puede rellenar sin consecuencias: está íntimamente ligado al sistema nervioso autónomo y al sistema emocional. El eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA), que regula la respuesta al estrés, opera en permanente diálogo con el eje reproductivo. Las hormonas sexuales —estrógenos, progesterona, testosterona— no sólo regulan ciclos: modulan el estado de ánimo, la memoria, la respuesta al miedo, la capacidad de vinculación y la percepción del propio cuerpo. Alterar químicamente ese sistema es, en cierta medida, intervenir en quién soy, cómo siento y cómo me relaciono. No es una decisión menor, y el marketing farmacéutico tiende a presentarla como si lo fuera.

En cuanto al deseo específicamente: la revisión sistemática más reciente (2023, 36 estudios, 23.299 mujeres) muestra que los estrógenos sistémicos por sí solos mejoran poco o nada la puntuación de deseo. Pueden retirar obstáculos —sofocos, insomnio, sequedad— y, en aplicación local, resolver el dolor en los encuentros íntimos. La única hormona con evidencia directa sobre el deseo es la testosterona a dosis fisiológicas, y sólo en un cuadro clínico específico (Davis et al., 2019). El matiz que el marketing no comunica: ninguna hormona «devuelve» un deseo que se ha transformado. Puede retirar fricciones físicas. No puede cambiar la dirección en la que la energía se está moviendo.

En casos verdaderamente incapacitantes —donde la calidad de vida está gravemente comprometida y otras vías han sido agotadas— la THS puede tener sentido como medida temporal y paliativa. Pero incluso entonces, la pregunta que no puede faltar es: ¿qué está diciendo este cuerpo que no ha podido decir de otra manera?

La perspectiva SedaLab: el problema no es la menopausia

Si integramos todo lo anterior, el mapa que emerge es este: la energía vital no desaparece en la menopausia. Cambia de dirección y se sublima por naturaleza. La sangre y el qi que durante décadas se redirigían hacia el útero ahora ascienden hacia el corazón y el espíritu. La mujer no pierde energía: la reorienta.

Esto explica por qué muchas mujeres describen en esta etapa una erótica más difusa, menos localizada en el cuenco pélvico y más extendida por la piel, el corazón, la voz. Un Eros que ya no se activa por urgencia sino por presencia. Que ya no necesita un escenario concreto para existir. Que a veces se manifiesta como ganas de escribir, de bailar sola en la cocina, de cantar, de mirar el mar mucho rato. Todo eso también es deseo. Lo que cambia es que ya no está secuestrado por un único objeto.

¿Por qué entonces tantas mujeres llegan a la menopausia con síntomas severos? La respuesta más honesta la dio Giovanni Maciocia, una de las máximas autoridades occidentales en Medicina Tradicional China:

«La menopausia no es ni una enfermedad ni una patología: es la natural y fisiológica declinación del Jing del Riñón. De hecho, muchas mujeres atraviesan la menopausia sin síntomas marcados. Puede convertirse en patología cuando una mujer sufre de una deficiencia preexistente del Riñón y otros patrones que causarán síntomas angustiantes. Si una mujer ha tenido una dieta pobre y se ha sobrecargado de trabajo durante varios años antes del inicio de la menopausia, será más probable que desarrolle síntomas más severos durante el climaterio.»

El problema no es la menopausia. Es llegar a la menopausia con la energía en reserva. Si una mujer cruza el umbral con el sistema nervioso agotado, con años de mala dieta, con estrés crónico, con sueño escaso, con duelos no procesados, con una vida que la consumió más de lo que la nutrió, la transición no la encontrará lista. Y entonces lo que debería ser una sublimación natural se vivirá como un derrumbe.

El problema es el estrés acumulado durante décadas. Una cultura que nos ha pedido producir, sostener y rendir sin descanso. La menopausia sólo pasa la factura.

Cuando se atiende esa base —descanso real, regulación del sistema nervioso, escucha del cuenco pélvico, comunicación honesta con la pareja, atención a los duelos invisibles—, el fuego no sólo no se apaga: adquiere una cualidad que antes no tenía.

Ya en 1950, la antropóloga Margaret Mead lo había nombrado con una expresión que no necesita traducción: postmenopausal zest, el brío posmenopáusico. «No hay fuerza más poderosa en el mundo que una mujer posmenopáusica con brío», escribió. No era poesía. Era etnografía.

Una invitación práctica: el escaneo de los dos centros

Esta práctica se apoya en la imagen taoísta de la sangre y el qi que ascienden hacia el Shen: de la raíz hacia el corazón. No requiere preparación, ni postura especial, ni materiales. Puedes hacerla en cinco minutos.

  1. Siéntate con la espalda cómoda pero erguida. Cierra los ojos. Respira tres veces hacia el abdomen bajo, sin forzar.
  2. Lleva la atención al cuenco pélvico. No lo pienses: siéntelo. ¿Qué temperatura tiene? ¿Está tenso, vacío, cargado, dormido, vivo? Sin juicio. Sólo mapa.
  3. Ahora lleva la atención al centro del pecho. La misma pregunta: ¿cómo está hoy? ¿Abierto, apretado, caliente, frío, silencioso?
  4. Visualiza un hilo de aire muy sutil que asciende desde el cuenco pélvico hasta el corazón al inhalar, y que desciende al exhalar. No fuerces nada. Sólo nota si algo, por pequeño que sea, se mueve entre los dos centros.
  5. Permanece así dos o tres minutos. Termina preguntándote, en silencio: «¿Qué desea hoy este cuerpo, más allá de lo que creía que tenía que desear?»

La respuesta puede ser una imagen, una frase, una sensación, o nada. Todo vale. Lo relevante es haber abierto un canal de escucha que, en esta etapa, suele estar pidiendo ser escuchado. Es, en miniatura, una versión accesible de lo que las alquimistas taoístas cultivaban durante años a través del Qi Gong, el masaje energético, la respiración circulada y la visualización.

Puede que el deseo, en la menopausia, no hable ya con el mismo idioma que hablaba a los treinta. Puede que pida otros silencios, otros ritmos, otro tipo de encuentros. Pero eso no es desaparición: es alfabetización.

La segunda primavera, en el sentido antiguo de la palabra, no es la vuelta atrás. Es la entrada en una estación que no se había habitado antes. Una en la que el cuerpo, por primera vez en la vida adulta, no está al servicio de nadie más. Y, en ese silencio nuevo, puede empezar a decir lo que ha venido a decir.

Si este tema resuena contigo, en SedaLab acompañamos precisamente esta escucha: la alquimia entre el cuerpo, la energía vital y las estaciones de la vida.

Lecturas y recursos relacionados

Referencias

[1] Huangdi Neijing Suwen (Clásico Interno del Emperador Amarillo, c. siglo II a.C.). Capítulo 1, «Shang Gu Tian Zhen Lun» (上古天真論).

[2] Sun Bu-Er (siglo XII). Kunjue (坤訣, Instrucciones para la Alquimia Femenina). En las obras de la Escuela Quanzhen.

[3] Despeux, C., & Kohn, L. (2003). Women in Daoism. Cambridge, MA: Three Pines Press.

[4] Valussi, E. (2009). Blood, tigers, dragons: The physiology of transcendence for women. Asian Medicine: Tradition and Modernity, 4(1), 46–85.

[5] Maciocia, G. (2011). Obstetrics and Gynecology in Chinese Medicine (2ª ed.). Edinburgh: Churchill Livingstone.

[6] Northrup, C. (2012). The Wisdom of Menopause: Creating Physical and Emotional Health During the Change (Revised ed.). New York: Bantam Books.

[7] Richardson, D., & McGeever, J. (2018). Tantric Sex and Menopause: Practices for Spiritual and Sexual Renewal. Rochester, VT: Inner Traditions.

[8] Woods, N. F., Mitchell, E. S., & Smith-Di Julio, K. (2010). Sexual desire during the menopausal transition and early postmenopause: observations from the Seattle Midlife Women’s Health Study. Journal of Women’s Health, 19(2), 209–218.

[9] Davis, S. R., Baber, R., Panay, N., et al. (2019). Global Consensus Position Statement on the Use of Testosterone Therapy for Women. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, 104(10), 4660–4666.

[10] Revisión sistemática y metaanálisis (2023). Hormone therapy for sexual function in perimenopausal and postmenopausal women. Menopause, 30(6).

[11] Mead, M., citada en Brody, J. E. (1981, 8 de julio). Restless energy propels Margaret Mead at 73. The New York Times, p. 17.

Newsletter

Quédate con lo esencial. Recibe la meditación de regalo.

Artículos, reflexiones y recursos sobre exploración consciente, sexualidad y cuerpo. Sin spam, con alma.
Sin spam. Puedes darte de baja cuando quieras.
WhatsApp
Facebook
Telegram
X
Email

Sigue leyendo

Otros artículos que pueden resonarte

¿Y si atarse fuera la forma más libre de encontrarse?

Cuando el Shibari se encuentra con el Tantra, la cuerda deja de ser un instrumento de restricción para convertirse en un espejo de nuestra vulnerabilidad y un canal de comunicación no verbal de una honestidad abrumadora. Una exploración del vínculo, la rendición y la presencia.

Leer →

Continúa tu exploración

Lleva el aprendizaje al cuerpo y a la vida

Los artículos son el punto de partida. El trabajo real sucede en el cuerpo, en la práctica y en el acompañamiento.

Acompañamiento

Acompañamiento Individual

Sesiones de abordaje somático del trauma, regulación del sistema nervioso y reconexión con tu autenticidad. Online y presencial en Barcelona y Banyoles.

Más información →

Acompañamiento de Pareja

Espacio de encuentro para reconstruir la comunicación, transformar conflictos y cultivar vínculos más conscientes y nutritivos.

Más información →

Talleres y Retiros

Lab de Alquimia Somática

Retiro de inmersión en consciencia corporal, regulación del sistema nervioso y exploración de la energía vital. Presencial.

Atados al Encuentro

Taller de Shibari como práctica de presencia, confianza y exploración del vínculo a través del arte del lazo japonés.

Ciclo de Alquimia para Parejas

Cuatro encuentros para explorar la intimidad, la comunicación y la energía sexual en pareja. Abierto a todos los vínculos.